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Kant ya anticipó la turistificación: «Consideraban aquellas tierras como si no tuvieran dueño»

Un paseo por Málaga revela carteles de apartamentos turísticos y pegatinas de protesta. El filósofo Immanuel Kant ya describió en 1795 una actitud similar hacia territorios ajenos.

Basta con recorrer el centro de Málaga para toparse con decenas de carteles azules con las letras "AT" (apartamentos turísticos). En los últimos años, la presión turística se ha intensificado, y sobre esos mismos carteles aparecen pegatinas con mensajes como "AnTes esta era mi casa", "Alcalde Tusmuerto" o "A Tu puta casa". Son una radiografía de un conflicto que no es nuevo: la transformación de ciudades enteras en productos para visitantes, a costa de los residentes.

Lo curioso es que el filósofo Immanuel Kant, en su ensayo "Hacia la paz perpetua" (1795), ya describió una actitud similar. Kant criticaba a los países europeos que "consideraban aquellas tierras como si no tuvieran dueño, pues a sus habitantes los contaban como nada". Se refería a la colonización, pero la frase encaja con la turistificación actual: se trata a los barrios como si fueran recursos sin propietarios legítimos, ignorando a quienes viven allí.

El paralelismo no es casual. La turistificación, como la colonización, implica una relación de poder donde unos deciden el uso del espacio sin contar con sus habitantes. En Málaga, la proliferación de pisos turísticos ha disparado los alquileres y expulsado a vecinos de toda la vida. Las pegatinas son la respuesta de quienes sienten que su ciudad les es arrebatada.

Fuente: Xataka

Kant como espejo de la turistificación actual.

Me parece revelador que un texto de hace más de dos siglos pueda describir con tanta precisión un fenómeno contemporáneo. La turistificación no es solo un problema económico o urbanístico; es una cuestión de derechos y de reconocimiento del otro. Kant señalaba que los colonizadores trataban a los indígenas como si no existieran. Hoy, los grandes operadores turísticos y los ayuntamientos que los favorecen tratan a los residentes como meros obstáculos.

No digo que la situación sea idéntica, pero el patrón de fondo es el mismo: una lógica extractiva que prioriza el beneficio de unos pocos sobre el bienestar de la comunidad. La referencia a Kant no es un adorno erudito, sino una advertencia. Si no cambiamos la forma en que concebimos el turismo, seguiremos viendo ciudades que se vacían de vida local para llenarse de visitantes temporales.

En mi opinión, el mérito del artículo está en conectar dos realidades que parecen lejanas pero comparten una misma raíz ética. La filosofía no está tan alejada de la calle como a veces se piensa.

El Analista

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