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El Mundial llena las terrazas de pantallas y ruido: en Asturias algunos pueblos ya han puesto límites

El Mundial de fútbol ha disparado la instalación de pantallas en terrazas de bares, pero en varios municipios asturianos han comenzado a regular el ruido y el espacio público ante las quejas vecinales.

El Mundial de fútbol está transformando las terrazas de los bares en improvisados estadios al aire libre. En gran parte de España, los establecimientos hosteleros han aprovechado la normativa local para instalar pantallas y retransmitir los partidos, lo que ha supuesto un impulso económico para el sector. Sin embargo, en Asturias, varios municipios han comenzado a poner freno a esta práctica ante las quejas de los vecinos por el ruido y la ocupación del espacio público.

La polémica no es nueva. Cada gran evento deportivo reabre el debate entre el derecho al ocio y el descanso vecinal. En localidades como Gijón, Oviedo o Avilés, los ayuntamientos han recibido decenas de reclamaciones por el volumen de las retransmisiones y la aglomeración de personas en las terrazas. Algunos consistorios han optado por limitar los horarios de emisión o exigir autorizaciones específicas para instalar pantallas en la vía pública.

Los hosteleros, por su parte, defienden que estas medidas perjudican su actividad, especialmente en un contexto de recuperación tras la pandemia y cambios en los hábitos de consumo. La Asociación de Hostelería de Asturias ha solicitado una regulación homogénea que no discrimine a unos establecimientos frente a otros. Mientras tanto, el debate sigue abierto: ¿dónde está el límite entre el negocio y la convivencia ciudadana?

Fuentes: - Xataka: El Mundial está llenando las terrazas exteriores de los bares de pantallas y ruido. En Asturias algunos pueblos han dicho basta

Regular sin ahogar: equilibrio entre ocio y descanso

Este conflicto no es nuevo ni exclusivo de Asturias. Cada gran evento deportivo reabre la misma tensión entre la actividad hostelera y el derecho al descanso vecinal. Lo interesante aquí es que los ayuntamientos están empezando a actuar con criterios propios, lo que genera un mosaico normativo que puede ser contraproducente.

En mi opinión, la solución no pasa por prohibir sin más, sino por establecer reglas claras y homogéneas que permitan a los bares explotar el filón mundialista sin convertir las calles en un estadio permanente. Horarios, niveles de ruido y autorizaciones previas son herramientas razonables. Lo que no funciona es la improvisación normativa de última hora.

El sector hostelero tiene razón en que necesita certidumbre, pero los vecinos también tienen derecho a no sufrir el ruido hasta la madrugada. El equilibrio no es fácil, pero es necesario. Y este debate, lejos de ser anecdótico, refleja un cambio más profundo en la forma de entender el espacio público y la convivencia en nuestras ciudades.

El Analista

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