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Openchip recibe 115 millones del Gobierno: la apuesta española por los chips RISC-V

El Gobierno inyecta 115,77 millones de euros en Openchip, una startup catalana de cinco años que diseña chips basados en la arquitectura abierta RISC-V. Es la mayor inversión pública directa en una empresa de microelectrónica en España.

El Consejo de Ministros ha autorizado una inversión de 115,77 millones de euros en Openchip & Software Technologies, una empresa de microelectrónica con sede en Barcelona fundada hace cinco años. La operación se canaliza a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), dependiente del Ministerio para la Transformación Digital, y se enmarca en la facilidad Next Tech del Plan de Recuperación. Se trata de la mayor inyección puntual de capital público recibida por una empresa de este sector en España.

Openchip se dedica al diseño de chips basados en la arquitectura RISC-V, un estándar abierto que compite con los diseños propietarios de ARM e Intel. La compañía cuenta con experiencia en el desarrollo de procesadores para aplicaciones de alto rendimiento y bajo consumo, y su tecnología podría aplicarse en centros de datos, telecomunicaciones y dispositivos edge. La inversión permitirá acelerar el desarrollo de sus productos y escalar su equipo de ingenieros.

La apuesta del Gobierno se produce en un contexto de creciente interés por la soberanía tecnológica en semiconductores, tras la escasez global de chips y las tensiones geopolíticas. España busca posicionarse en el diseño de chips, un segmento de mayor valor añadido que la fabricación, que requiere inversiones mucho más elevadas. Openchip no cuenta con fábricas propias, sino que externaliza la producción a fundiciones como TSMC o Samsung.

Fuentes: Xataka

Inversión estratégica pero con riesgos de ejecución

La inyección de 115 millones a Openchip es, sin duda, una señal clara de que el Gobierno apuesta por la microelectrónica como sector estratégico. La elección de RISC-V, una arquitectura abierta que reduce la dependencia de licencias extranjeras, tiene lógica geopolítica y técnica. Sin embargo, me preocupa la capacidad de una empresa de solo cinco años para absorber semejante cantidad de capital y convertirlo en productos competitivos a escala global. El historial de inversiones públicas en startups tecnológicas no siempre ha sido exitoso, y el sector de semiconductores es especialmente intensivo en capital y tiempo.

Por otro lado, el hecho de que Openchip no tenga fundición propia limita su control sobre la cadena de suministro, aunque es un modelo habitual en el diseño de chips. La clave estará en si logran atraer talento y clientes internacionales que validen su tecnología. A medio plazo, esta operación podría sentar un precedente para futuras inversiones, pero también eleva las expectativas sobre un sector donde España parte con desventaja frente a potencias como Estados Unidos, Taiwán o la Unión Europea. Habrá que seguir de cerca los hitos de desarrollo y la capacidad de la empresa para generar ingresos recurrentes.

El Analista

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