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Sony enfrenta nueva demanda antimonopolio en México por eliminar juegos físicos

Legisladores mexicanos presentan una denuncia antimonopolio contra Sony por su decisión de cesar la producción de juegos en formato físico a partir de 2028, alegando prácticas anticompetitivas.

Sony se enfrenta a una nueva controversia legal tras el anuncio de que dejará de fabricar juegos en formato físico a partir de enero de 2028. Legisladores mexicanos, encabezados por la diputada federal Iraís Reyes, han presentado una denuncia por prácticas antimonopolio ante la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece). La acusación sostiene que la eliminación del soporte físico reduce la competencia, limita la libertad de elección de los consumidores y podría elevar los precios al obligar a los usuarios a depender exclusivamente de la tienda digital de Sony.

La decisión de Sony se enmarca en una tendencia global hacia la distribución digital, que ya ha sido adoptada por otros grandes actores como Microsoft y Nintendo en distintos grados. Sin embargo, la medida ha generado críticas en mercados como el mexicano, donde el acceso a internet de alta velocidad no es universal y el formato físico sigue siendo relevante. La diputada Reyes argumenta que la estrategia de Sony podría violar la Ley Federal de Competencia Económica al abusar de su posición dominante en el mercado de consolas.

Este no es el primer desafío legal que enfrenta Sony por prácticas antimonopolio. En 2020, una demanda colectiva en Estados Unidos acusó a la compañía de monopolizar la venta de juegos digitales en PlayStation Store. El caso sigue en curso. La denuncia mexicana, aunque aún en etapa inicial, podría sentar un precedente en América Latina sobre los límites de la distribución digital en la industria del videojuego.

Fuentes: - IGN España

La demanda refleja tensiones entre digitalización y competencia.

La decisión de Sony de eliminar el formato físico no es una sorpresa: la industria lleva años moviéndose hacia lo digital, donde los márgenes son mayores y el control sobre la distribución es absoluto. Sin embargo, en mercados con brechas de conectividad como México, esta estrategia choca con realidades locales que los ejecutivos de Tokio quizás no consideran prioritarias.

La denuncia mexicana me parece un síntoma de un debate más amplio: ¿hasta qué punto una empresa puede imponer un modelo de negocio que, de facto, elimina la competencia en la reventa de juegos usados y limita la capacidad del consumidor de elegir? Sony no es la única responsable, pero su dominio en el segmento de consolas la convierte en un blanco lógico.

A medio plazo, creo que veremos más acciones regulatorias en distintos países si los fabricantes aceleran la desaparición del físico. La clave no está en demonizar lo digital, sino en garantizar que la transición no ahogue la competencia ni perjudique a los usuarios con menos recursos. Este caso, aunque incipiente, merece seguimiento.

El Analista

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