El aceite fantasma: el fraude que hunde al olivar español
El aceite de oliva tunecino entra en España sin control, hundiendo los precios y amenazando a los pequeños productores. El fraude del 'aceite fantasma' es el verdadero problema del sector.
El mercado del aceite de oliva español atraviesa una crisis que va más allá de los costes de producción o el cambio climático. Según ha denunciado la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), el 81% del aceite de oliva procedente de Túnez estaría entrando en España de forma irregular, sin los controles aduaneros ni fitosanitarios exigidos. Esta práctica, conocida como 'aceite fantasma', distorsiona los precios en origen, que han caído casi un 46% en el último año, y perjudica directamente a los pequeños productores, que no pueden competir con un producto que evade impuestos y aranceles.
La denuncia, realizada el pasado 15 de junio, pone el foco en un problema estructural: la falta de trazabilidad y control en las importaciones. Mientras los grandes grupos oleícolas pueden absorber estas prácticas o incluso beneficiarse de ellas, los olivareros familiares ven cómo sus cosechas pierden valor día tras día. La situación se agrava porque el aceite tunecino, al entrar sin declarar, no cumple con los estándares de calidad ni con las cuotas establecidas por la Unión Europea, lo que genera una competencia desleal.
Ante este escenario, COAG exige a las autoridades españolas y europeas que refuercen los controles fronterizos y establezcan un sistema de certificación digital que garantice el origen del aceite. Mientras tanto, el sector sigue en vilo, con movilizaciones previstas para las próximas semanas. El 'aceite fantasma' no solo es un problema económico, sino también de reputación para un producto bandera de la gastronomía española.
El fraude del aceite fantasma exige acción urgente de las autoridades.
Creemos que la denuncia de COAG pone sobre la mesa un problema sistémico que las administraciones han ignorado durante demasiado tiempo. No se trata de un incidente aislado, sino de una práctica que, según los datos, afecta a más del 80% de las importaciones tunecinas. Esto revela una debilidad crónica en los mecanismos de control aduanero y fitosanitario, que permiten que un producto extranjero compita en desventaja con el nacional.
Observamos con preocupación que, mientras los grandes grupos oleícolas pueden sortear estas irregularidades o incluso aprovecharlas, los pequeños productores son los que pagan la factura. La caída del 46% en los precios en origen no es un accidente de mercado, sino la consecuencia directa de una competencia desleal que las autoridades tienen la obligación de frenar. No se trata de cerrar fronteras, sino de garantizar que todos los productos que entran en España cumplan las mismas reglas.
Por último, consideramos que la solución pasa por la digitalización de los controles y la cooperación con las autoridades tunecinas. La trazabilidad no es un lujo, sino una necesidad para proteger un sector estratégico. Si no se actúa con firmeza, el 'aceite fantasma' seguirá erosionando la confianza en un producto que es seña de identidad de nuestro país.
— Mesa EditorialFuentes
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