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De plaga a recurso: 60.000 toneladas de alga invasora podrían convertirse en alimento para peces

Un equipo de la Universidad de Málaga ha encontrado una salida para las más de 60.000 toneladas de alga asiática Rugulopteryx okamurae que invaden las costas andaluzas: transformarla en pienso para acuicultura, convirtiendo un problema ecológico en una oportunidad económica.

El alga asiática Rugulopteryx okamurae, una especie invasora que ha colonizado los fondos marinos del Estrecho de Gibraltar cubriendo más del 90% de algunas zonas, podría tener una segunda vida como materia prima para la acuicultura. Investigadores de la Universidad de Málaga han desarrollado un proceso para transformar las más de 60.000 toneladas anuales de esta biomasa en un ingrediente nutritivo para piensos de peces de cría.

La plaga, que llegó probablemente adherida a cascos de barcos o en aguas de lastre, ha causado estragos en los ecosistemas marinos andaluces, desplazando a especies autóctonas y afectando a la pesca local. Sin embargo, el estudio malagueño demuestra que el alga contiene niveles adecuados de proteínas, ácidos grasos y minerales para ser incorporada en dietas de especies como la dorada o la lubina, reduciendo además la dependencia de harinas de pescado salvaje.

El equipo ha logrado optimizar el proceso de secado y molienda para obtener un polvo estable que puede mezclarse con otros ingredientes. Los primeros ensayos en laboratorio muestran una buena aceptación por parte de los peces y parámetros de crecimiento similares a los de dietas convencionales. Ahora se busca escalar la producción y validar el producto a nivel industrial, con el apoyo de la Junta de Andalucía y empresas del sector.

Fuente: Xataka

Una solución pragmática pero con retos de escalado

La propuesta de la Universidad de Málaga me parece un ejemplo de cómo la investigación aplicada puede convertir un problema ambiental en una oportunidad. No estamos ante una solución milagrosa: transformar 60.000 toneladas de biomasa requiere logística, inversión y un mercado dispuesto a aceptar piensos con este ingrediente. Pero el enfoque es sólido porque ataca dos frentes: la gestión de una plaga y la sostenibilidad de la acuicultura.

Sin embargo, me preocupa el riesgo de crear una dependencia económica de la misma especie invasora. Si el alga se convierte en un recurso valioso, podría reducirse el incentivo para controlar su expansión. El equilibrio entre explotación y erradicación debe ser cuidadoso. Además, queda por demostrar que el producto final sea competitivo en costes frente a las harinas de pescado tradicionales, cuyo precio está sujeto a fluctuaciones globales.

En definitiva, es un avance prometedor que merece seguirse de cerca, pero conviene no apresurarse a declararlo como la solución definitiva. La ciencia ha dado el primer paso; ahora toca a la industria y a los gestores públicos validar si el modelo es viable a gran escala y ambientalmente responsable.

El Analista

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