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Un alga invasora en Andalucía: de plaga a aliada para un pescado más saludable

La Rugulopteryx okamurae cubre ya el 90% de algunos fondos marinos del Estrecho, pero un estudio de la Universidad de Málaga revela que puede transformarse en un aditivo que mejora el perfil nutricional del pescado de acuicultura.

Las costas andaluzas, especialmente en el entorno del Estrecho de Gibraltar, están experimentando una proliferación masiva del alga asiática Rugulopteryx okamurae. Esta especie invasora, que en pocos meses ha llegado a cubrir más del 90% de algunos fondos marinos, supone un grave problema ecológico y económico para pescadores y gestores ambientales. Sin embargo, un equipo de investigación de la Universidad de Málaga ha encontrado una aplicación prometedora: convertir esta biomasa excedente en un aditivo para piensos de acuicultura que mejora la calidad nutricional del pescado.

Según el estudio, las más de 60.000 toneladas anuales de alga que se retiran de las costas podrían procesarse para obtener compuestos bioactivos. Al incorporarlos en la alimentación de lubinas y doradas criadas en granjas marinas, se ha observado un incremento significativo de ácidos grasos omega-3 y una reducción de la acumulación de grasas saturadas en el pescado. Esto no solo aporta un valor añadido al producto final, sino que también ofrece una salida económica para un residuo que hoy supone un coste de gestión.

La iniciativa se enmarca en la economía circular y la búsqueda de soluciones basadas en la naturaleza. Los investigadores subrayan que el proceso es escalable y que los primeros ensayos con piensos enriquecidos han mostrado resultados positivos tanto en el crecimiento de los peces como en su perfil lipídico. No obstante, advierten de que aún quedan pasos por recorrer antes de una comercialización a gran escala, incluyendo estudios de viabilidad económica y análisis de posibles efectos a largo plazo.

Fuente: Xataka

Innovación útil pero sin euforia: el reto es la escala.

Me parece un hallazgo interesante, pero conviene no dejarse llevar por el entusiasmo. Convertir un residuo problemático en un insumo valioso es, en principio, una buena noticia. Sin embargo, la transición de un experimento de laboratorio a una solución industrial rentable está llena de obstáculos: logística de recolección, estandarización del proceso, aceptación del mercado y, sobre todo, garantías de que no se generen impactos ambientales indirectos.

Lo que más me llama la atención es que el estudio no cuantifica el coste energético ni económico de transformar 60.000 toneladas de alga en pienso. Tampoco se menciona si la extracción masiva del alga podría alterar el ecosistema marino de forma imprevista. Celebrar la idea está bien, pero necesitamos datos duros sobre su viabilidad real antes de hablar de un cambio de paradigma.

Por ahora, esto es una promesa de laboratorio. Que no nos vendan la piel del oso antes de cazarlo, o en este caso, antes de que el alga se convierta en pienso a escala comercial. La prudencia y el análisis riguroso son más necesarios que nunca.

El Analista

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