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¿Guardas el ketchup en la nevera? Los expertos advierten que muchos alimentos no necesitan frío y pueden estropearse

Guardar todo en la nevera 'por si acaso' es un error común que puede generar moho y desperdicio. Expertos explican qué alimentos realmente necesitan refrigeración y cuáles no.

Desde la invención del frigorífico doméstico, hace más de un siglo, hemos asumido que el frío es la mejor forma de conservar cualquier alimento. Sin embargo, esta práctica generalizada de meter todo en la nevera 'por si acaso' puede ser contraproducente. Según expertos en conservación de alimentos, productos como el ketchup, el pan, los tomates o las cebollas no solo no necesitan refrigeración, sino que esta puede acelerar su deterioro y favorecer la aparición de moho.

El problema radica en que muchos alimentos están diseñados para conservarse a temperatura ambiente gracias a su contenido en azúcar, sal o ácidos. Al someterlos a temperaturas bajas, se altera su textura y sabor, y en algunos casos se crea un ambiente húmedo que propicia el crecimiento de hongos. Por ejemplo, el pan se vuelve más seco y duro en la nevera, mientras que los tomates pierden aroma y consistencia.

Los especialistas recomiendan seguir unas pautas básicas: conservar en la nevera solo aquellos productos que indiquen explícitamente 'refrigerar después de abiertos', como lácteos, carnes o salsas con huevo. Para el resto, como conservas, mermeladas o verduras de raíz, la despensa es suficiente. Además, es importante revisar periódicamente la nevera para retirar alimentos en mal estado y evitar la contaminación cruzada.

Fuente: Xataka

La obsesión por la nevera genera desperdicio y malas prácticas.

Creemos que este artículo pone el dedo en la llaga de un hábito doméstico muy extendido pero poco cuestionado. La idea de que 'más frío es mejor' ha llevado a generaciones enteras a maltratar alimentos que, paradójicamente, se conservan mejor fuera. No se trata de demonizar la nevera, sino de usarla con criterio.

Observamos que la industria alimentaria ha contribuido a esta confusión al etiquetar muchos productos con 'refrigerar después de abrir' cuando no siempre es necesario. El resultado es un aumento del desperdicio y un consumo energético innecesario. Sería deseable que los fabricantes fueran más precisos en sus recomendaciones y que los consumidores recuperaran el conocimiento básico sobre conservación de alimentos que tenían nuestras abuelas.

En definitiva, este tipo de información práctica debería difundirse más, porque ayuda a ahorrar dinero, reducir residuos y comer mejor. La tecnología, en este caso la nevera, es una herramienta, no un fin en sí misma.

Mesa Editorial

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