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Ánforas de vino revelan con precisión inédita el desplome del campo magnético terrestre hace 2.200 años

Un estudio en tres yacimientos de Jerusalén ha utilizado 24 piezas de cerámica para registrar, con una precisión sin precedentes, un evento de debilitamiento del campo magnético terrestre ocurrido hace 2.200 años.

Un equipo de investigación ha logrado reconstruir con una precisión inédita un evento de debilitamiento del campo magnético terrestre ocurrido hace aproximadamente 2.200 años, gracias al análisis de 24 ánforas de vino halladas en tres yacimientos arqueológicos de Jerusalén. Las piezas de cerámica, al ser cocidas, registran la dirección e intensidad del campo magnético del momento, funcionando como una brújula milenaria.

El estudio, publicado en una revista científica de referencia, permitió datar con exactitud el momento en que el campo magnético de la Tierra se desplomó, un fenómeno conocido como excursión geomagnética. Los investigadores pudieron correlacionar los datos magnéticos de las ánforas con registros históricos y otros indicadores, ofreciendo una ventana temporal mucho más precisa que métodos anteriores.

Este hallazgo no solo aporta información valiosa sobre la dinámica del núcleo terrestre, sino que también abre nuevas posibilidades para la datación arqueológica. La técnica podría aplicarse a otros objetos cerámicos de distintas épocas y regiones, mejorando nuestra comprensión de los cambios del campo magnético a lo largo de la historia.

Fuente: Xataka

Un avance técnico, no una revolución inmediata.

El estudio es impecable desde el punto de vista metodológico: aprovechar la termorremanencia de la cerámica para obtener registros geomagnéticos no es nuevo, pero la precisión alcanzada aquí sí lo es. Sin embargo, conviene no sobredimensionar el hallazgo. Se trata de un caso concreto en un área geográfica limitada y con un número reducido de muestras. La extrapolación a escalas globales requerirá muchos más datos.

Desde mi perspectiva, el valor principal reside en la validación de una técnica que podría aplicarse a otros contextos arqueológicos. Pero la arqueomagnetometría sigue siendo una disciplina con márgenes de error significativos. Celebrar el resultado está bien; asumir que resuelve todos los problemas de datación sería prematuro.

En resumen, es un paso adelante sólido, pero no un salto revolucionario. La ciencia avanza así: con pequeñas piezas de evidencia que, sumadas, construyen un cuadro más completo. Este estudio es una de esas piezas, y merece reconocimiento por su rigor, no por su espectacularidad.

El Analista

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