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César Franco: el error de gastar cientos de millones en AVE con poca demanda

El ingeniero César Franco critica la inversión desmedida en líneas de alta velocidad con baja ocupación, y pide priorizar la eficiencia económica frente al prestigio político.

El ingeniero industrial César Franco, director del Máster Universitario en Ingeniería Industrial en la Universidad Alfonso X el Sabio, ha señalado en una entrevista que destinar cientos de millones de euros a líneas de alta velocidad que apenas registran tres circulaciones diarias supone un error económico. Franco, que ha ocupado diversos cargos de relevancia en el sector, advierte que el modelo actual prioriza el prestigio político sobre la eficiencia real.

Según Franco, el problema no es la alta velocidad en sí, sino la falta de criterios de rentabilidad social y económica a la hora de planificar nuevas rutas. El ingeniero recuerda que España cuenta con la segunda red de AVE más extensa del mundo, solo por detrás de China, pero que muchas líneas operan con una demanda muy inferior a la prevista. Esto genera un déficit de explotación que acaba siendo cubierto con fondos públicos.

Franco defiende que, antes de acometer nuevas inversiones, se debería realizar un análisis riguroso de la demanda real y de los costes de mantenimiento. También sugiere que, en algunos corredores, podría ser más eficiente apostar por servicios ferroviarios convencionales o por otras alternativas de transporte.

El debate sobre la rentabilidad del AVE no es nuevo. Expertos en transporte llevan años alertando de que el modelo español, basado en grandes inversiones con criterios territoriales más que económicos, puede generar un lastre presupuestario a largo plazo. Sin embargo, los sucesivos gobiernos han mantenido la apuesta por la alta velocidad como símbolo de modernidad.

Fuente: Xataka

La eficiencia debe primar sobre el prestigio en infraestructuras.

Me parece acertado el diagnóstico de César Franco sobre la falta de criterios de rentabilidad en la planificación del AVE. España ha construido una red de alta velocidad envidiable, pero el coste de oportunidad es alto: cada euro invertido en una línea con tres trenes al día es un euro que no se destina a mejorar cercanías, carreteras o servicios más demandados.

No obstante, conviene no simplificar. La alta velocidad también ha generado beneficios intangibles, como la cohesión territorial o la reducción de emisiones frente al avión. El reto está en encontrar un equilibrio entre ambición y realismo económico, algo que los planificadores no siempre han logrado.

En mi opinión, el debate no debería centrarse en si el AVE es bueno o malo, sino en cómo optimizar las inversiones futuras. Establecer umbrales mínimos de demanda antes de aprobar nuevos tramos sería un primer paso sensato, sin caer en dogmatismos ideológicos.

El Analista

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