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Chiquito de la Calzada vs. Lucas Grijander: 30 años del juicio más surrealista de la televisión española

En 1995, un juez tuvo que preguntar si se había dicho 'lago negro, lago blanco'. Treinta años después, ni los implicados recuerdan cómo acabó el pleito por el personaje de Lucas Grijander.

El 18 de septiembre de 1995, Telecinco estrenó 'Esta noche cruzamos el Mississippi', un late night presentado por Pepe Navarro que rápidamente se convirtió en un fenómeno. Entre sus secciones destacaba la parodia de un reportero llamada 'Lucas Grijander', interpretada por Florentino Fernández. El personaje, con su peculiar forma de hablar y gestos, recordaba poderosamente al humorista Chiquito de la Calzada, quien ya era un icono nacional gracias a sus intervenciones en 'El hormiguero' y otros programas.

Chiquito, cuyo nombre real era Gregorio Sánchez, decidió emprender acciones legales contra Telecinco y Florentino Fernández por considerar que Lucas Grijander era una copia no autorizada de su estilo y personaje. El juicio se celebró en los juzgados de Madrid, con declaraciones telemáticas (algo inusual para la época) desde Málaga y Madrid. Durante la vista, el juez llegó a preguntar si se había pronunciado textualmente la frase 'lago negro, lago blanco', una de las muletillas más famosas de Chiquito.

El caso generó gran expectación mediática, pero lo curioso es que, tres décadas después, ni los propios implicados recuerdan con certeza cómo terminó. Algunas fuentes apuntan a un acuerdo extrajudicial, otras a una sentencia no ejecutada. Lo cierto es que no existe un registro público claro del fallo, y el tiempo ha difuminado los detalles.

El pleito refleja las tensiones entre la creación original y la parodia en el mundo del entretenimiento, un debate que sigue vigente en la era de los memes y las imitaciones virales. Para los seguidores de ambos humoristas, el caso es una anécdota más de una época dorada de la televisión en España.

Fuentes: - Xataka: Chiquito de la Calzada vs. Lucas Grijander

El olvido del fallo es más revelador que la sentencia misma.

Treinta años después, el hecho de que ni los protagonistas recuerden el desenlace del juicio me parece más significativo que cualquier sentencia. En la cultura del entretenimiento, los pleitos por derechos de autor suelen ser guerras de egos y dinero, pero aquí el tiempo ha actuado como un juez más implacable: la irrelevancia. El personaje de Lucas Grijander no pervive en la memoria colectiva con la fuerza de Chiquito, y el conflicto legal quedó sepultado por el olvido.

Desde una perspectiva de industria, este caso ilustra la dificultad de proteger un estilo cómico, que es difuso por naturaleza. La justicia rara vez entra en matices de gestos y entonaciones, y los acuerdos extrajudiciales suelen ser la salida más práctica. Pero lo que realmente importa es que el público ya ha dictado su veredicto: Chiquito es un icono; la parodia, un pie de página en su historia.

En mi opinión, el verdadero legado de este juicio no es jurídico, sino cultural: nos recuerda que el humor se copia, se transforma y, a veces, se olvida. Y que los tribunales no siempre son el mejor escenario para dirimir disputas artísticas.

El Analista

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