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Ejercicio físico como aliado para dejar de fumar: lo que dice la ciencia

Una revisión de la Universidad de Adelaida analiza 59 estudios con 9.000 participantes y concluye que el ejercicio regular complementa eficazmente los tratamientos para dejar de fumar.

Dejar de fumar es uno de los retos más difíciles para quienes intentan abandonar el tabaco. Aunque los tratamientos farmacológicos y la terapia psicológica son las opciones más exitosas, no siempre funcionan por sí solas. Un nuevo estudio de la Universidad de Adelaida (Australia) sugiere que el ejercicio físico regular puede ser un complemento eficaz.

La investigación, publicada en una revisión sistemática, analizó 59 estudios previos con un total de 9.000 participantes. Los resultados indican que las personas que incorporan actividad física a su rutina mientras intentan dejar de fumar tienen mayores tasas de éxito a largo plazo. El ejercicio ayuda a reducir los síntomas de abstinencia, controlar el estrés y mejorar el estado de ánimo, factores que suelen desencadenar recaídas.

Los autores del estudio recomiendan combinar el ejercicio con otras estrategias probadas, como parches de nicotina o terapia cognitivo-conductual. Sin embargo, advierten que la evidencia aún es limitada y que se necesitan más ensayos clínicos para establecer pautas específicas sobre tipo, intensidad y duración del ejercicio.

Para el lector interesado en dejar de fumar, la conclusión práctica es clara: añadir caminatas diarias, natación o cualquier actividad moderada puede aumentar las probabilidades de éxito. Eso sí, siempre bajo supervisión médica y como complemento, no como sustituto de tratamientos convencionales.

Fuente: Xataka

El ejercicio es un complemento útil, no una solución milagrosa.

El estudio de Adelaida refuerza lo que muchos especialistas ya intuían: el ejercicio físico puede ser un aliado en el proceso de dejar de fumar. Sin embargo, me parece importante no sobredimensionar sus efectos. La revisión analiza 59 estudios, pero la calidad metodológica de algunos es variable, y los propios autores piden cautela. No estamos ante una fórmula mágica, sino ante una herramienta más dentro de un enfoque multidisciplinar.

Desde mi punto de vista, el verdadero valor de esta investigación es recordarnos que dejar de fumar requiere abordar múltiples frentes: fisiológico, psicológico y conductual. El ejercicio encaja bien en el conductual, pero no puede reemplazar la terapia ni la medicación cuando son necesarias. La industria del fitness a veces vende el ejercicio como una panacea, y conviene mantener la distancia crítica.

A medio plazo, lo interesante será ver si estos hallazgos se traducen en guías clínicas más precisas. Por ahora, lo sensato es considerar el ejercicio como un complemento de bajo riesgo y alto beneficio, pero sin prometer resultados que la ciencia aún no ha confirmado de forma concluyente.

El Analista

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