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El error que puede costar miles de euros en una herencia: no pedir el certificado de seguros de vida

Cuando fallece un familiar, el papeleo se acumula. Pero hay un trámite que muchos olvidan y que puede suponer perder el cobro de un seguro de vida. Un abogado explica por qué es clave solicitarlo cuanto antes.

Cuando una persona fallece, los herederos deben enfrentarse a una serie de trámites legales y administrativos que, en medio del duelo, pueden resultar abrumadores. Entre ellos, hay uno que pasa desapercibido con frecuencia y que, sin embargo, puede tener un impacto económico significativo: la solicitud del certificado de seguros de vida del causante.

El abogado Manuel Hernández advierte en una entrevista que este documento es fundamental para saber si el fallecido tenía contratado un seguro de vida. "Es un error no pedir los certificados de seguros de vida del causante", señala. El problema es que, si no se solicita a tiempo, se puede perder la oportunidad de cobrar la indemnización correspondiente, que en muchos casos asciende a miles de euros.

El proceso no es automático: las aseguradoras no siempre notifican a los beneficiarios, y son estos quienes deben iniciar la reclamación. Hernández recomienda solicitar el certificado al Registro de Contratos de Seguros de Vida, un organismo que centraliza la información. El trámite puede hacerse online o presencialmente, y es gratuito.

El experto también subraya la importancia de actuar con rapidez, ya que algunos seguros tienen plazos de prescripción. Además, recuerda que este certificado no solo sirve para cobrar el seguro, sino también para conocer si existen deudas asociadas al mismo.

En definitiva, un paso sencillo que puede evitar pérdidas económicas importantes y que, sin embargo, muchos herederos pasan por alto.

Fuente: Xataka

Un trámite olvidado con alto coste potencial.

Me parece significativo que un paso tan concreto y de bajo esfuerzo como pedir un certificado pueda marcar una diferencia económica tan grande. La noticia no revela nada nuevo sobre el funcionamiento de los seguros, pero sí pone el foco en un punto ciego del proceso de herencia: la asimetría de información entre la aseguradora y el beneficiario. Las compañías no tienen incentivos para buscar activamente a los herederos, y el sistema no obliga a una notificación proactiva. Esto deja la responsabilidad en manos de unas personas que, en un momento de duelo, difícilmente van a priorizar un papeleo que ni siquiera saben que existe.

Desde un punto de vista práctico, la recomendación del abogado es impecable: solicitar el certificado debería ser un paso estándar en cualquier gestión de herencia, al mismo nivel que pedir el certificado de últimas voluntades. La utilidad aquí es directa y medible. No hay debate ideológico ni tecnológico de fondo, solo una laguna administrativa que, con un poco de información, se puede evitar. Ojalá más trámites fueran tan fáciles de solucionar.

El Analista

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