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Un experto en ferrocarriles prefiere el coche al tren: la desconfianza en la red ferroviaria española

Salvador Galve, decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja, ha declarado ante una comisión de investigación que prefiere usar el coche para viajar de Zaragoza a Barcelona, revelando una profunda desconfianza en el sistema ferroviario que él mismo conoce a fondo.

Salvador Galve, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Aragón y La Rioja y presidente de la Comisión del Ferrocarril del Consejo de Colegios de Ingenieros Industriales de España, ha comparecido este miércoles ante la comisión de investigación sobre el estado de la red ferroviaria. Durante su intervención, Galve afirmó que cuando necesita viajar de Zaragoza a Barcelona, opta por el coche en lugar del tren, a pesar de ser uno de los mayores especialistas en infraestructura ferroviaria del país.

Galve explicó que su decisión responde a la falta de fiabilidad y a los retrasos recurrentes que afectan al servicio ferroviario, especialmente en trayectos de media distancia. El experto señaló que, aunque el AVE ofrece altas velocidades, la experiencia global del viaje se ve perjudicada por problemas de puntualidad y conexiones deficientes. Sus declaraciones han reabierto el debate sobre la calidad del servicio ferroviario en España, un país que ha invertido fuertemente en alta velocidad pero que aún arrastra carencias en la operativa diaria.

La comisión de investigación busca analizar las causas de los problemas crónicos de la red, incluyendo retrasos, averías y falta de mantenimiento. Galve, con décadas de experiencia en el sector, no dudó en señalar que la gestión actual no garantiza la confianza del usuario, ni siquiera entre los propios ingenieros que diseñan y supervisan el sistema. Sus palabras han generado reacciones encontradas entre los responsables políticos y los operadores ferroviarios.

Fuente: Xataka

La confianza en el tren se ha perdido incluso entre sus expertos.

Las declaraciones de Salvador Galve no son una anécdota, sino un síntoma de un problema estructural. Cuando un ingeniero que ha dedicado su carrera al ferrocarril prefiere el coche, el mensaje es claro: la red no funciona como debería. No se trata de un capricho, sino de una decisión basada en datos y experiencia. Si el sistema no es fiable para quien lo conoce desde dentro, difícilmente lo será para el ciudadano medio.

Ahora bien, conviene no caer en generalizaciones. El AVE sigue siendo competitivo en largas distancias, y muchos trayectos funcionan correctamente. El problema parece concentrarse en la media distancia y en la operativa diaria. La comisión de investigación debería centrarse en estos puntos concretos, evitando diagnósticos apresurados que lleven a soluciones igualmente precipitadas.

En mi opinión, lo más preocupante no es la preferencia personal de Galve, sino lo que revela sobre la percepción interna del sistema. Si los propios ingenieros no confían, la recuperación de la credibilidad requerirá cambios profundos en la gestión y el mantenimiento, no solo en la inversión en infraestructura.

El Analista

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