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El Gobierno da un ultimátum para erradicar el 'ángel' franquista de Tenerife. Los canarios no opinan igual

El Gobierno central exige retirar el monumento franquista del Ángel de la Paz en Tenerife, pero una parte de la sociedad canaria y el Cabildo defienden su valor artístico e histórico.

El Gobierno de España ha dado un ultimátum al Cabildo de Tenerife para que retire el monumento conocido como el 'Ángel de la Paz', una escultura de 10 metros de altura erigida en 1966 por Juan de Ávalos que conmemora el vuelo del Dragon Rapide, el avión que llevó a Francisco Franco desde Canarias a Marruecos para iniciar el golpe de Estado de 1936. La obra, situada en Santa Cruz de Tenerife, es considerada por el Ejecutivo central como un símbolo de exaltación franquista y, por tanto, contraria a la Ley de Memoria Histórica.

Sin embargo, la decisión ha generado división en la sociedad canaria. Una encuesta del Cabildo revela que el 54% de los tinerfeños prefiere mantener el monumento, argumentando su valor artístico y su integración en el paisaje urbano. El Cabildo, gobernado por Coalición Canaria, ha solicitado un informe técnico para evaluar alternativas, como la reubicación o la resignificación del espacio, pero el Gobierno insiste en la retirada total antes de que finalice el año.

El debate no es nuevo. En 2020, el Ayuntamiento de Santa Cruz ya intentó retirar la escultura, pero la oposición de colectivos vecinales y la falta de consenso frenaron la medida. Mientras tanto, el monumento sigue siendo un punto de encuentro para manifestaciones de signo opuesto: unos piden su conservación como obra de arte, otros exigen su demolición como símbolo de la dictadura.

Fuentes: - Xataka: Tenerife tiene un espectacular monumento a Franco y el debate es si preservarlo o erradicarlo para siempre

La retirada es legal pero el consenso social es clave.

El ultimátum del Gobierno se sostiene sobre la Ley de Memoria Histórica, que prohíbe la exaltación de la dictadura. Pero la ley no opera en el vacío: en democracia, las decisiones sobre el espacio público deberían buscar el mayor consenso posible. Ignorar que más de la mitad de los tinerfeños quiere mantener el monumento puede generar un desgaste político innecesario y alimentar discursos de agravio territorial.

Por otro lado, el argumento del 'valor artístico' es escurridizo. La obra de Juan de Ávalos tiene indudable factura técnica, pero su carga simbólica es inseparable de su origen. No se puede desvincular la escultura del contexto para el que fue creada: glorificar un golpe militar. La solución no es binaria: existen precedentes de resignificación, como añadir placas contextualizadoras o trasladar la obra a un museo. El Cabildo debería explorar esas vías antes de que el conflicto escale.

En mi opinión, el Gobierno central acierta al aplicar la ley, pero se equivoca al imponer plazos sin diálogo previo. La memoria histórica no se construye con órdenes, sino con pedagogía. Si se fuerza la retirada sin explicar por qué, el monumento corre el riesgo de convertirse en un símbolo de resistencia identitaria, justo lo contrario de lo que se busca.

El Analista

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