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Guadix: de refugio de marginados a santuario climático en Granada

Las cuevas de Guadix, antaño hogar de moriscos y forajidos, se revalorizan como viviendas eficientes frente al cambio climático. Un ejemplo de adaptación urbana con siglos de historia.

En la provincia de Granada, a más de 900 metros de altitud, se encuentra Guadix, una localidad conocida por sus casas cueva. Lo que durante siglos fue refugio de moriscos, forajidos y poblaciones desplazadas —una realidad nada idílica, según los cronistas— se ha transformado en las últimas décadas en un atractivo turístico y, más recientemente, en un ejemplo de vivienda sostenible frente al cambio climático.

Las cuevas de Guadix mantienen una temperatura constante de entre 18 y 22 grados durante todo el año, lo que reduce drásticamente la necesidad de calefacción en invierno y de aire acondicionado en verano. Este comportamiento térmico pasivo, sumado a un menor consumo energético y una huella de carbono reducida, ha despertado el interés de arquitectos y urbanistas.

El ayuntamiento de Guadix ha impulsado normativas específicas para regular la rehabilitación y nueva construcción de estas viviendas trogloditas, adaptando las leyes urbanísticas a una tipología que durante décadas estuvo estigmatizada. Hoy, las cuevas no solo son un reclamo turístico —con precios de alojamiento que pueden superar los 150 euros por noche— sino también una opción residencial para quienes buscan eficiencia energética y confort térmico.

El caso de Guadix no es aislado. En otras regiones de España, como Murcia, Almería o incluso en la provincia de Valencia, existen núcleos de viviendas excavadas en la roca que están siendo redescubiertas. Sin embargo, Guadix destaca por su concentración —se estima que hay más de 2.000 cuevas habitadas— y por la voluntad política de preservar y regular este patrimonio.

Fuentes: Xataka

Las cuevas de Guadix: una lección de adaptación que la arquitectura moderna ignora

El caso de Guadix me parece un ejemplo fascinante de cómo la arquitectura vernácula puede ofrecer soluciones reales a problemas contemporáneos. Durante décadas, las cuevas fueron vistas como un vestigio del pasado, algo que había que erradicar en nombre del progreso. Hoy, los datos de eficiencia energética y confort térmico demuestran que aquellos que las habitaron tenían un conocimiento empírico que la construcción moderna ha tardado en redescubrir.

Sin embargo, no conviene caer en la idealización. Vivir en una cueva implica limitaciones: humedad, falta de luz natural en algunas estancias, y un mercado inmobiliario que, al calor del turismo, puede encarecer estas viviendas para los residentes locales. El reto está en equilibrar la preservación del patrimonio con la habitabilidad contemporánea y el acceso asequible.

A medio plazo, creo que Guadix puede servir como modelo para otras zonas con tipologías similares, pero también como recordatorio de que la innovación no siempre viene de la tecnología más puntera. A veces, la respuesta más eficiente al cambio climático ya estaba ahí, excavada en la roca.

El Analista

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