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Los hongos que 'comen' oro: de una curiosidad australiana a posible clave para la minería espacial

Científicos australianos descubrieron en 2019 que el hongo Fusarium oxysporum puede absorber oro y acelerar su crecimiento. Ahora, la idea de usarlo para extraer metales en el espacio gana tracción.

En 2019, un equipo del CSIRO (Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth) en Australia descubrió que ciertas cepas del hongo Fusarium oxysporum podían metabolizar oro. El hallazgo se produjo en la mina de Boddington, al sur de Perth, donde los investigadores observaron que el hongo no solo extraía oro del entorno y lo integraba en su estructura, sino que al hacerlo lograba propagarse más rápido que otras cepas.

Lo que entonces parecía una rareza biológica ha ido ganando interés en los últimos años, especialmente en el ámbito de la minería espacial. La idea de utilizar organismos vivos para extraer minerales en entornos extraterrestres —como la Luna o Marte— no es nueva, pero este hongo ofrece una vía concreta: podría aplicarse en asteroides o regolitos para concentrar metales preciosos de forma eficiente y con bajo consumo energético.

Aunque el proceso aún está en fase experimental, varios grupos de investigación exploran cómo escalar la producción y adaptar el hongo a condiciones de baja gravedad. El CSIRO ha señalado que el siguiente paso es comprender mejor los mecanismos bioquímicos implicados y evaluar la viabilidad técnica y económica de una eventual aplicación espacial.

Fuentes: - Xataka

Potencial real, pero aún lejos de la aplicación espacial.

El descubrimiento del *Fusarium oxysporum* es fascinante desde el punto de vista biotecnológico, pero me parece prematuro presentarlo como la clave de la minería espacial. Hasta ahora, solo se ha observado en un entorno terrestre controlado, y los desafíos de replicar ese proceso en el espacio son enormes: gravedad reducida, radiación, disponibilidad de nutrientes y escalabilidad.

Además, la industria espacial tiende a inflar expectativas con tecnologías que aún están en fase de laboratorio. Sin datos sobre eficiencia energética, costes de producción o impacto ambiental, conviene mantener la cautela. La investigación es prometedora, pero convertir un hongo en minero espacial requerirá años, si no décadas, de desarrollo.

Por ahora, lo más sensato es verlo como una línea de investigación más, no como una solución inminente. La ciencia avanza paso a paso, y este es solo el primero.

El Analista

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