Los hoteles retrasan el check-in y adelantan el check-out: una estrategia para cobrar más
Los horarios hoteleros se han endurecido tras la pandemia: cada vez es más tarde la entrada y más temprana la salida. Una tendencia que, según los expertos, responde a una estrategia para aumentar ingresos por servicios adicionales.
Los horarios de entrada y salida en los hoteles se están endureciendo de forma progresiva. Antes de 2020, lo habitual era poder hacer el check-in a las 14:00 y el check-out a las 12:00. Sin embargo, tras la reapertura de los establecimientos después de la pandemia, muchas cadenas han retrasado la entrada hasta las 15:00 o incluso las 16:00, y han adelantado la salida a las 11:00 o las 10:00.
Según datos del sector recogidos por Xataka, esta práctica no responde a necesidades operativas derivadas de la limpieza, sino a una estrategia comercial para incentivar el pago de servicios extra. Los hoteles ofrecen la posibilidad de entrar antes o salir más tarde mediante tarifas adicionales, que en algunos casos pueden superar los 30 euros por hora.
La medida afecta especialmente a los viajeros que llegan temprano a la ciudad o que tienen vuelos nocturnos. Para ellos, las opciones son pagar un suplemento, dejar el equipaje en consigna (a menudo también de pago) o buscar alternativas como espacios de coworking o centros comerciales.
La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha señalado que esta práctica puede considerarse abusiva si no se informa con claridad en el momento de la reserva. Algunas asociaciones hoteleras defienden que responde a la necesidad de garantizar una limpieza más profunda tras la pandemia, pero los datos muestran que los márgenes de tiempo se han reducido incluso en hoteles que ya aplicaban protocolos estrictos antes de 2020.
Fuente: Xataka
Estrategia comercial que penaliza al viajero
Yo observo aquí un movimiento calculado de la industria hotelera. Reducir la ventana de uso de la habitación no es un efecto colateral de la pandemia, sino una decisión de negocio. Al estrechar los horarios estándar, se crea artificialmente una necesidad que antes no existía: pagar por flexibilidad. Es un modelo que ya hemos visto en aerolíneas con el equipaje de mano o la selección de asiento.
Lo relevante no es si los hoteles tienen derecho a hacerlo, sino cómo impacta en la experiencia del viajero y en la percepción de transparencia. Si esta práctica se generaliza sin una comunicación clara, corre el riesgo de erosionar la confianza del consumidor. A medio plazo, la competencia podría diferenciarse ofreciendo horarios más generosos, lo que forzaría al sector a replantearse la estrategia.
— El AnalistaFuentes
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