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Influencers de IA: de la perfección estética a la ternura artificial

Los influencers generados por inteligencia artificial abandonan la belleza idealizada para adoptar apariencias entrañables o que inspiran compasión, logrando mayor engagement y ventas.

La inteligencia artificial ha dado un nuevo giro en el mundo del marketing de influencers. Si hasta hace poco los perfiles generados por IA buscaban una estética perfecta e inalcanzable, ahora una nueva oleada apuesta por personajes que resultan entrañables o incluso generan compasión. Un ejemplo es 'Paco del Campo', un anciano virtual que enseña a elegir sandías, o un joven con síndrome de Down creado por IA que se lamenta de no vender sus macetas. Ambos han conseguido millones de visualizaciones y, sobre todo, ventas.

Estos personajes explotan la empatía y la sensiblería para conectar emocionalmente con la audiencia. La tecnología de generación de imágenes y vídeos ha avanzado hasta el punto de que muchos usuarios creen que son reales. Detrás de estos perfiles suelen haber empresas o creadores que buscan monetizar rápidamente, aprovechando la falta de regulación y la credulidad del público.

El fenómeno plantea preguntas éticas importantes: ¿es legítimo usar representaciones de personas vulnerables (como ancianos o personas con discapacidad) para vender productos? ¿Deben las plataformas etiquetar este contenido como generado por IA? Mientras tanto, los creadores de estos influencers artificiales siguen innovando en formas de generar confianza y engagement.

Fuente: Xataka

La ternura artificial es una estrategia comercial más, no un avance ético.

Observo con atención este giro en el marketing de influencers generados por IA. Pasamos de la belleza aspiracional a la ternura explotable, y me pregunto si realmente estamos ante un cambio de paradigma o simplemente ante una nueva capa de manipulación. Los datos de engagement y ventas sugieren que la estrategia funciona, pero no debemos confundir efectividad con ética.

Lo que me preocupa no es la tecnología en sí, sino el uso de representaciones de colectivos vulnerables —ancianos, personas con discapacidad— como gancho comercial. No hay transparencia: la mayoría de los usuarios no sabe que está interactuando con una IA. Si la industria no autorregula este tipo de prácticas, las consecuencias a medio plazo serán una erosión de la confianza en el contenido digital y, probablemente, una reacción regulatoria.

En mi opinión, el problema no es que la IA imite la ternura, sino que se use para suplantar la autenticidad sin que el espectador lo sepa. Mientras no haya etiquetado claro, seguiremos viendo cómo la tecnología optimiza el engaño.

El Analista

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