El lince ibérico reaparece en Euskadi tras más de un siglo: ¿expansión natural o dispersión excepcional?
Un ganadero alavés captó con una cámara de fototrampeo a un lince ibérico en Campezo, la primera vez que se documenta esta especie en Euskadi en más de cien años. El hallazgo, difundido por la asociación Hontza Natura Elkartea, plantea preguntas sobre los límites de la recuperación del felino más amenazado de la península.
Un ganadero de Campezo (Álava) revisaba las imágenes de su cámara de fototrampeo el pasado diciembre cuando se encontró con un visitante inesperado: un lince ibérico (Lynx pardinus). La grabación nocturna, de apenas unos segundos, muestra las características orejas pinceladas y las patillas del felino, lo que llevó a la asociación Hontza Natura Elkartea a confirmar el avistamiento. Se trata de la primera vez que se documenta la presencia de un lince ibérico en el País Vasco en más de un siglo.
El hallazgo ha sorprendido a los expertos, ya que Euskadi no forma parte del área de distribución histórica reciente de la especie, que se concentra en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y, en menor medida, Portugal. Los programas de conservación han logrado que la población pase de menos de 100 ejemplares en 2002 a más de 2.000 en la actualidad, pero la llegada de un individuo al norte peninsular sugiere una dispersión excepcional. Podría tratarse de un macho joven en busca de territorio, un fenómeno cada vez más frecuente a medida que las poblaciones del sur se saturan.
La asociación ecologista ha señalado que no hay indicios de una población establecida, sino de un ejemplar errante. No obstante, el avistamiento abre la puerta a la posibilidad de que el lince pueda recolonizar territorios históricos si se mantienen las condiciones de hábitat y disponibilidad de presas, principalmente conejos. Las administraciones vascas ya han mostrado interés en monitorear la zona para confirmar si el animal permanece o si se trata de un paso esporádico.
Fuente: Xataka
Avistamiento aislado, no recolonización consolidada
Este avistamiento es una buena noticia para la conservación del lince ibérico, pero conviene no lanzar las campanas al vuelo. La presencia de un único ejemplar en Euskadi, a cientos de kilómetros de las poblaciones estables, responde más a la lógica de la dispersión juvenil que a una expansión firme de la especie. Los linces jóvenes, sobre todo los machos, recorren grandes distancias en busca de territorio propio, y no es raro que aparezcan en lugares inesperados. Sin embargo, la consolidación de una nueva población requiere hembras, alimento abundante y ausencia de amenazas como atropellos o caza furtiva.
Desde mi punto de vista, el dato relevante no es tanto el avistamiento en sí, sino lo que revela sobre la salud de las poblaciones sureñas: si hay ejemplares que se aventuran tan al norte, es señal de que los núcleos andaluces y extremeños están llegando a su capacidad de carga. Eso es un éxito de los programas de cría y reintroducción. Pero también implica que, si queremos que el lince recupere todo su rango histórico, harán falta corredores ecológicos y políticas de gestión del conejo en el norte. Por ahora, este lince es un turista, no un colono.
Firma: El Analista
— El AnalistaFuentes
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