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Madrid quiere la noria más grande del mundo, pero su parque de atracciones se queda con un tiovivo francés

El Parque de Atracciones de Madrid lleva 59 años sin nueva licitación. La concesión actual, que expiró en 1992, ha impedido la renovación de atracciones. Ahora, mientras la ciudad sueña con una macro-noria, el parque se conforma con una atracción francesa de segunda mano.

El Parque de Atracciones de Madrid arrastra una situación administrativa peculiar: desde 1967 no se ha abierto una nueva licitación para su gestión. La concesión original, otorgada a una única empresa por 35 años, permitía amortizar la inversión inicial, pero expiró en 1992. Desde entonces, el contrato se ha prorrogado sin concurso público, lo que ha limitado la renovación de sus instalaciones.

Según ha podido saber este medio, el parque ha adquirido recientemente una atracción de origen francés, un tiovivo de segunda mano, en lugar de la esperada noria de grandes dimensiones que el Ayuntamiento de Madrid barajaba como proyecto emblemático. La noria, que aspiraba a ser la más alta del mundo, queda aparcada por falta de acuerdo entre las partes implicadas.

La situación refleja un problema recurrente en la gestión de espacios públicos concesionados: la falta de competencia y de incentivos para la innovación. Mientras otras ciudades europeas renuevan sus parques de atracciones con inversiones multimillonarias, Madrid se conforma con parches. El Ayuntamiento asegura que estudia nuevas fórmulas para desbloquear la concesión, pero no hay fechas concretas.

Contexto y utilidad Este caso no es aislado. En España, varias concesiones de parques temáticos y espacios de ocio han caducado sin renovación, generando estancamiento. Para el visitante, esto se traduce en atracciones obsoletas y menos oferta. La lección: la planificación urbanística y de ocio debe incluir cláusulas de revisión periódica para evitar monopolios de facto.

Fuentes - Xataka: Madrid quiere la noria más grande del mundo. De momento se tendrá que conformar con un tiovivo francés

La gestión pública concesionada necesita más competencia y transparencia.

El caso del Parque de Atracciones de Madrid es un ejemplo clásico de cómo una concesión mal diseñada puede congelar la innovación durante décadas. No se trata de demonizar a la empresa actual, sino de reconocer que un monopolio sin plazos de revisión claros desincentiva la inversión. La noria gigante era un sueño, pero el tiovivo francés es un síntoma de una gestión que prioriza la estabilidad sobre la ambición.

Desde mi punto de vista, el problema no es solo madrileño: muchas ciudades españolas arrastran concesiones de ocio y servicios que caducaron hace años y se mantienen en un limbo legal. La falta de licitaciones periódicas genera un círculo vicioso de instalaciones envejecidas y visitantes insatisfechos. Si el Ayuntamiento quiere realmente una noria récord, debería empezar por poner orden en la concesión actual.

No obstante, conviene ser prudente: no sabemos los detalles del contrato ni las condiciones económicas que impiden un cambio. Lo que sí está claro es que el modelo actual no funciona para el ciudadano que paga la entrada. La solución pasa por abrir el concurso, fijar estándares de calidad y permitir que nuevas empresas compitan. Mientras tanto, el parque seguirá siendo un museo de atracciones de los 70.

El Analista

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