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Marruecos busca socios para ganar 1.100 hectáreas de regadío en el Sáhara

La Agencia para el Desarrollo Agrícola de Marruecos lanza una convocatoria para atraer inversores que permitan convertir más de 1.000 hectáreas en la región de Dakhla-Oued Ed-Dahab en cultivos de regadío, aprovechando una nueva planta desalinizadora.

El Gobierno marroquí ha puesto en marcha un plan para ampliar su superficie agrícola en el Sáhara Occidental. Su Agencia para el Desarrollo Agrícola (ADA) ha lanzado una convocatoria pública para captar socios inversores que ayuden a habilitar alrededor de 1.100 hectáreas de tierras en la región de Dakhla-Oued Ed-Dahab, con el objetivo de convertirlas en cultivos de regadío destinados a la horticultura comercial.

La iniciativa se apoya en la construcción de una nueva planta desalinizadora que suministrará agua para el riego, un factor clave en una zona árida donde el acceso al agua es limitado. El proyecto busca no solo incrementar la producción agrícola, sino también reforzar la presencia económica de Marruecos en el territorio del Sáhara Occidental, un área de soberanía disputada.

La convocatoria de la ADA está abierta a inversores nacionales e internacionales, y se enmarca en una estrategia más amplia del Reino para desarrollar infraestructuras y atraer capital en la región. La horticultura comercial, especialmente la producción de frutas y hortalizas para exportación, es uno de los sectores prioritarios.

El plan se produce en un contexto de tensión diplomática sobre el estatus del Sáhara Occidental, donde Marruecos controla la mayor parte del territorio pero el Frente Polisario reclama la independencia. La apuesta por la agricultura de regadío se interpreta como un movimiento para consolidar el control administrativo y económico sobre la zona.

Fuente: Xataka

Inversión agrícola con doble filo geopolítico

El plan marroquí es, ante todo, una jugada estratégica que combina desarrollo económico con afirmación territorial. La desalinización permite cultivar donde antes era imposible, pero el agua y la tierra no son recursos neutrales: cada hectárea ganada es también un paso en la consolidación de la presencia marroquí en el Sáhara Occidental. No se trata de una simple decisión agrícola, sino de una herramienta de política exterior.

Desde el punto de vista técnico, el proyecto es viable: la tecnología de desalinización está madura y el mercado de horticultura comercial tiene demanda. Sin embargo, conviene no sobredimensionar su impacto. 1.100 hectáreas son una superficie modesta en términos absolutos, y la rentabilidad dependerá de los costes energéticos y logísticos. Además, la convocatoria de inversores sugiere que el Estado busca compartir riesgos, lo que indica que el retorno no está garantizado.

Lo que me parece más relevante es el contexto. No es casual que este anuncio coincida con un momento de reposicionamiento diplomático de Marruecos. La agricultura de regadío se convierte así en un caballo de Troya económico: genera empleo, fija población y crea dependencias. A medio plazo, esto puede cambiar la realidad sobre el terreno más que cualquier declaración política. Pero también añade una capa de complejidad a un conflicto que ya de por sí es intrincado.

El Analista

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