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El mito de las lanzas de mamut se desmorona: los cazadores prehistóricos usaban otras armas

Un nuevo estudio arqueológico cuestiona la teoría de que los primeros humanos cazaban mamuts con lanzas arrojadizas. El análisis de marcas en huesos sugiere que usaban trampas o estrategias de acoso, reabriendo el debate sobre las capacidades tecnológicas del Paleolítico.

Durante más de un siglo, la imagen del cazador prehistórico lanzando una lanza contra un mamut ha sido un icono cultural. Sin embargo, un reciente estudio publicado en Journal of Archaeological Science pone en duda esa narrativa. Investigadores de la Universidad de Leiden y el Museo de Historia Natural de Londres han reexaminado marcas de corte y fracturas en restos de mamuts hallados en yacimientos europeos y siberianos. Su conclusión: las heridas no coinciden con las que produciría una lanza arrojadiza, sino más bien con las de trampas o ataques cuerpo a cuerpo con armas de percusión.

El equipo analizó más de 200 huesos con signos de impacto y descubrió que las fracturas eran consistentes con golpes contundentes, no con perforaciones de proyectiles. Esto sugiere que los cazadores podrían haber utilizado estacas afiladas para rematar animales ya inmovilizados en trampas, o bien que las lanzas se usaban como picas para defenderse, no para matar a distancia. El hallazgo se suma a otras investigaciones recientes que indican que los neandertales y los primeros Homo sapiens tenían estrategias de caza más sofisticadas de lo que se creía.

El estudio no descarta por completo el uso de lanzas, pero sí obliga a replantear su papel central. "No tenemos ni idea de qué demonios usaban exactamente", admite la doctora Helena García, coautora del trabajo, en declaraciones recogidas por el equipo. "Pero los datos nos dicen que la imagen del cazador con la lanza en alto es, como mínimo, incompleta". La investigación abre la puerta a nuevas hipótesis sobre el desarrollo tecnológico humano y la relación con la megafauna.

Fuentes: - Xataka: “No tenemos ni idea de qué demonios usaban”: acabamos de descubrir que el arma letal para cazar mamuts no era lo que pensábamos

La ciencia avanza corrigiendo certezas, no acumulándolas.

Este hallazgo me parece un ejemplo modélico de cómo la arqueología se corrige a sí misma. Durante décadas, la narrativa del cazador con lanza se mantuvo incuestionada, en parte porque encajaba con una visión lineal del progreso humano: primero la lanza, luego el arco, luego la flecha. Pero los datos actuales, más precisos y menos sesgados por el mito, muestran una realidad más compleja.

Lo interesante no es solo lo que descarta el estudio, sino lo que sugiere: que los humanos prehistóricos eran ingenieros ecológicos, no solo depredadores. Usar trampas o estrategias de acoso implica una comprensión del entorno y del comportamiento animal que va más allá de la fuerza bruta. Si se confirma, estaríamos ante una inteligencia tecnológica más sutil de lo que solemos atribuir a nuestros antepasados.

Por supuesto, conviene ser cautos. Un solo estudio, por riguroso que sea, no derriba un paradigma. Pero sí nos recuerda que en ciencia las certezas son provisionales. Y que, a veces, lo más revelador es admitir que no sabemos qué demonios usaban.

El Analista

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