El Mundial dispara el negocio de las terrazas en Asturias y reaviva el debate sobre su regulación
El Mundial de fútbol ha convertido las terrazas de los bares en un negocio clave del verano, pero en Asturias las restricciones para instalar televisores en el exterior han abierto un debate entre hosteleros y ayuntamientos.
El Mundial de fútbol está siendo un impulso económico para la hostelería española, especialmente para los bares que aprovechan los partidos para atraer clientes. Sin embargo, en Asturias la situación es más compleja: mientras en gran parte del país se permite sacar televisores a las terrazas para retransmitir los encuentros, en varias localidades asturianas existen ordenanzas que lo restringen o prohíben.
La normativa municipal, a menudo heredada de épocas previas, busca evitar molestias acústicas y problemas de espacio en la vía pública. Pero los hosteleros asturianos consideran que estas reglas les ponen en desventaja frente a competidores de otras regiones, especialmente durante un evento de gran audiencia como el Mundial.
El debate no es nuevo: ya en veranos anteriores se han planteado modificaciones, pero la presión económica del sector y el auge de las terrazas como espacio de ocio han reabierto la discusión. Mientras los ayuntamientos estudian posibles cambios, los bares buscan alternativas como pantallas interiores o eventos paralelos para no perder el tirón del campeonato.
Fuentes: Xataka
La regulación debe adaptarse a la realidad económica sin descuidar el espacio público.
El conflicto entre hosteleros y ayuntamientos asturianos refleja una tensión recurrente: cómo equilibrar el desarrollo económico con la convivencia ciudadana. Por un lado, es comprensible que los bares quieran aprovechar el tirón del Mundial, un evento que moviliza a millones de personas y que puede suponer un respiro para un sector golpeado por la inflación y los cambios en los hábitos de consumo. Por otro, las ordenanzas municipales no surgen de la nada: responden a quejas vecinales por ruido, ocupación del espacio público y problemas de movilidad.
En mi opinión, la solución no pasa por una desregulación total ni por mantener normas obsoletas. Sería más sensato establecer marcos temporales o zonales que permitan flexibilizar las restricciones durante grandes eventos, con condiciones claras sobre horarios, niveles de ruido y uso del espacio. Así se da respuesta a la demanda del sector sin generar conflictos permanentes.
Lo que no me parece razonable es que cada ayuntamiento actúe por su cuenta sin coordinación, generando un mosaico normativo que confunde a los hosteleros y dificulta la planificación. Si el Mundial es un fenómeno nacional, debería haber directrices básicas comunes, al menos para eventos excepcionales. De lo contrario, el debate se enquistará y perderán todos: los bares, los vecinos y, al final, la propia imagen de Asturias como destino turístico.
— El AnalistaFuentes
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