No tomes decisiones importantes durante una ola de calor: la ciencia lo desaconseja
El calor extremo afecta la capacidad cognitiva y la toma de decisiones, según estudios científicos. Te explicamos por qué y cómo evitarlo.
Las olas de calor no solo ponen a prueba la resistencia física, sino también la mental. Un creciente cuerpo de evidencia científica sugiere que las altas temperaturas afectan la capacidad cognitiva, lo que puede llevar a tomar decisiones impulsivas o erróneas. El fenómeno, similar al que ocurre con la fatiga o el consumo de alcohol, se debe al estrés térmico que el cuerpo experimenta al intentar regular su temperatura.
Estudios realizados en entornos controlados y en condiciones reales de ola de calor muestran que el rendimiento en tareas que requieren atención sostenida, memoria de trabajo y control de impulsos disminuye significativamente cuando la temperatura ambiente supera los 30°C. El mecanismo subyacente incluye la deshidratación, el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel (en detrimento del cerebro) y la liberación de hormonas del estrés como el cortisol.
Los expertos recomiendan posponer decisiones importantes —financieras, laborales o personales— durante los picos de calor, especialmente si no se dispone de aire acondicionado o si se ha estado expuesto al sol durante varias horas. Medidas como hidratarse adecuadamente, buscar espacios frescos y evitar el alcohol o la cafeína pueden mitigar parcialmente el efecto.
La recomendación cobra especial relevancia en verano, cuando las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático. No se trata de alarmismo, sino de aplicar el mismo criterio de precaución que ya usamos con el sueño o el alcohol: reconocer que nuestro cerebro no funciona al 100% en condiciones extremas.
Fuente: Xataka
El calor afecta la cognición: precaución, no alarma.
Me parece acertado trasladar esta advertencia científica al público general, pero conviene no sobredimensionarla. El efecto del calor en la cognición es real, pero su magnitud depende de muchos factores: aclimatación, hidratación, edad y salud previa. No todas las personas reaccionan igual, y convertir cada ola de calor en una advertencia de 'no tomar decisiones' puede generar una ansiedad innecesaria.
Dicho esto, el paralelismo con el alcohol o la falta de sueño es útil como regla general. La evidencia muestra que el calor extremo reduce la capacidad de juicio, y en un contexto de cambio climático donde las olas de calor serán más frecuentes, incorporar esta precaución en nuestra rutina es sensato. Pero, como siempre, el matiz importa: no es lo mismo estar en una oficina con aire acondicionado que trabajar al aire libre. La recomendación debe adaptarse al contexto.
En mi opinión, el valor real de esta información no está en generar miedo, sino en fomentar la autoconciencia. Saber que nuestro rendimiento cognitivo puede verse afectado nos permite tomar medidas compensatorias, como revisar decisiones en un momento más fresco o delegar tareas críticas. Eso sí, sin caer en el determinismo: el ser humano es resiliente, y un golpe de calor no convierte a nadie en un irresponsable.
— El AnalistaNoticias relacionadas
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