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El cansancio diario no es solo por dormir mal: los ritmos ultradianos explican los altibajos del día

Los ritmos ultradianos, ciclos de 90-120 minutos que regulan nuestra energía a lo largo del día, podrían ser la clave para entender por qué nos sentimos invencibles a media mañana y agotados al mediodía.

Durante años, la fatiga diurna se ha atribuido principalmente a la falta de sueño nocturno o a los conocidos ritmos circadianos. Sin embargo, un creciente cuerpo de investigación apunta a que existe un segundo reloj biológico, los ritmos ultradianos, que influye de manera decisiva en nuestros niveles de energía a lo largo del día.

Estos ciclos, que duran entre 90 y 120 minutos, alternan fases de alta y baja actividad. Según los expertos, explican por qué a las 11:30 de la mañana podemos sentirnos especialmente productivos, mientras que a las 13:00 nos cuesta mantener los ojos abiertos. Ignorar estos patrones naturales podría estar perjudicando nuestro rendimiento y bienestar.

La clave está en sincronizar las tareas con estas oscilaciones: realizar trabajos que requieran concentración durante los picos de energía y reservar los momentos de menor actividad para descansos o tareas mecánicas. Algunos estudios sugieren que trabajar en contra de estos ritmos puede aumentar el estrés y reducir la eficiencia.

Aunque la investigación aún está en fase inicial, los hallazgos invitan a replantear la organización de la jornada laboral y las pausas. No se trata solo de dormir bien, sino de escuchar las señales que nuestro cuerpo envía cada hora y media.

Fuente: Xataka

Los ritmos ultradianos merecen más atención en la gestión diaria.

Me parece relevante que empecemos a considerar los ritmos ultradianos como un factor real en nuestro rendimiento diario. Durante años hemos culpado al sueño nocturno de todos nuestros bajones, pero la evidencia sugiere que hay un patrón más fino que ignoramos sistemáticamente. No es que dormir mal no importe, sino que incluso durmiendo bien podemos experimentar oscilaciones naturales que, si no gestionamos, nos llevan a luchar contra nuestro propio cuerpo.

Desde una perspectiva práctica, esto tiene implicaciones directas en cómo organizamos el trabajo. Si sabemos que cada 90-120 minutos hay un valle de energía, lo lógico es programar descansos o tareas menos exigentes en esos momentos. Sin embargo, la cultura laboral actual tiende a ignorar estas señales, exigiendo productividad constante. No se trata de una solución mágica, sino de un ajuste fino que podría mejorar el bienestar sin grandes cambios estructurales.

Dicho esto, conviene ser cautos: la investigación aún no es concluyente y no todas las personas tienen los mismos ciclos. Lo que sí podemos hacer es experimentar con nuestra propia rutina y observar. Al final, el conocimiento de estos ritmos no es una receta, sino una herramienta más para entender cómo funciona nuestro cuerpo.

El Analista

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