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El sesgo oculto al caminar: ¿por qué giramos instintivamente a la izquierda?

Un estudio de la Universidad de Navarra revela que los peatones tendemos a esquivar obstáculos girando a la izquierda, un sesgo motor del que no somos conscientes.

Un equipo de investigación liderado por la Universidad de Navarra ha demostrado que, al caminar y encontrarnos con un obstáculo, la mayoría de las personas tendemos a desviarnos hacia la izquierda de forma instintiva. El estudio, publicado recientemente, analizó los movimientos de cientos de voluntarios en entornos controlados y reales, y concluyó que este sesgo motor ocurre en fracciones de segundo, sin que el sujeto sea consciente de ello.

Los investigadores descartan que se trate de una preferencia cultural o aprendida, ya que el patrón se repite en personas de distintos países y edades. Por el contrario, apuntan a que podría deberse a la asimetría funcional del cerebro: el hemisferio derecho, que controla la parte izquierda del cuerpo, estaría más implicado en la percepción espacial y la toma de decisiones rápidas. Aunque aún no hay una explicación definitiva, el hallazgo abre la puerta a aplicaciones en diseño urbano, seguridad vial y robótica.

Contexto y utilidad práctica

Este descubrimiento se suma a otros sesgos motores documentados, como la tendencia a girar a la derecha en espacios abiertos o la preferencia manual. Comprender estos patrones puede ayudar a arquitectos y urbanistas a diseñar aceras, pasillos y salidas de emergencia que minimicen colisiones y aglomeraciones. Para el peatón común, la utilidad es más bien de autoconocimiento: saber que nuestro cuerpo ya ha decidido por nosotros antes de que razonemos la maniobra.

Fuentes

Un hallazgo curioso que merece más investigación.

El estudio de la Universidad de Navarra resulta fascinante por lo que revela sobre los automatismos de nuestro cuerpo. Sin embargo, creemos que conviene ser cautos antes de extraer conclusiones generales: el tamaño de la muestra y la replicabilidad en contextos muy diversos aún deben validarse. No obstante, el trabajo tiene el mérito de poner sobre la mesa un sesgo cotidiano que pasaba desapercibido.

Desde un punto de vista práctico, observamos que este tipo de investigaciones suelen tener aplicaciones inesperadas. Si se confirma que el giro a la izquierda es universal, podría influir en el diseño de espacios públicos para mejorar la fluidez peatonal. Pero también nos preguntamos si este sesgo podría estar relacionado con la lateralidad o con factores evolutivos, algo que los autores apenas esbozan.

En definitiva, valoramos positivamente la iniciativa investigadora, pero recomendamos no sobredimensionar el hallazgo. La ciencia avanza paso a paso, y este es un paso pequeño, aunque curioso, en la comprensión del comportamiento humano.

La Redacción

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