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Testamento: por qué es obligatorio incluir a todos los herederos legales aunque no quieras

Hacer testamento no basta para desheredar a un familiar: la ley obliga a incluir a todos los herederos forzosos. La abogada Blanca Palmero explica las consecuencias de omitirlos.

Hacer testamento es una práctica habitual para ordenar la herencia y evitar conflictos familiares. Sin embargo, la abogada Blanca Palmero advierte en una entrevista publicada por Xataka que no basta con redactar el documento: es obligatorio incluir a todos los herederos legítimos, también conocidos como herederos forzosos. Si se omite a alguno, la ley lo considera igualmente heredero, lo que puede anular las disposiciones del testamento.

En España, el Código Civil establece que los herederos forzosos son los hijos y descendientes, los padres y ascendientes, y el cónyuge viudo. A estos les corresponde una parte de la herencia denominada legítima, que no puede ser eliminada por testamento. Si el testador no menciona a un heredero forzoso, la ley presume que fue un error y lo incluye automáticamente, repartiendo la herencia según las reglas de la sucesión intestada.

Palmero señala que muchos creen que con un testamento pueden desheredar a un familiar sin consecuencias, pero la realidad es que solo se puede privar de la legítima en casos muy concretos, como maltrato o abandono, y siempre mediante un procedimiento judicial. Omitir a un heredero no lo deshereda, sino que genera litigios y retrasos.

Para evitar problemas, la abogada recomienda asesorarse con un especialista en derecho sucesorio y redactar el testamento con claridad, incluyendo a todos los herederos forzosos, aunque se les asigne solo la legítima. También sugiere revisar el testamento periódicamente, sobre todo tras cambios familiares como matrimonios, divorcios o fallecimientos.

Fuente: Xataka

La ley de legítima limita la libertad testamentaria.

Me parece relevante destacar que el sistema sucesorio español prioriza la protección de los herederos forzosos por encima de la voluntad del testador. Esto no es un capricho legal, sino una decisión de política legislativa que busca evitar desamparos familiares. Sin embargo, genera una tensión evidente entre la libertad individual y la solidaridad familiar.

Desde un punto de vista práctico, la advertencia de Palmero es útil: muchos ciudadanos creen que el testamento es un instrumento absoluto, cuando en realidad está sujeto a límites estrictos. La consecuencia inmediata es que quien quiera desheredar a un hijo o a un cónyuge deberá hacerlo por vía judicial, con todas las dificultades que ello conlleva.

A medio plazo, creo que esta rigidez legal puede incentivar la planificación patrimonial alternativa, como donaciones en vida o seguros de vida, que no están sujetos a las mismas restricciones. El debate sobre si la legítima debe reformarse o mantenerse es recurrente, pero por ahora el marco normativo es claro: la voluntad del testador tiene un límite infranqueable.

El Analista

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